Para una hora pico en el metro
Hay que caminar más todavía, falta mucho para llegar, pero el sol pesa y tus pies se han cansado de soportar tu peso, no hay duda, hay que tomar el metro, es lo mejor, es rápido y no se sufre tanto (el sufrir como casi todo es relativo), te sientes cansado y haces lo que piensas, te encaminas a la estación, es la línea rosada, siempre tan congestionada, tan llena de gente, pero no hay remedio.
Te encuentras en el túnel, ya no hay sol, pero el calor y lo viciado del aire te es desagradable, estas agotado, ves a la gente con desprecio, los odias, quisieras estar solo, sentir un instante de paz, pero el anden esta lleno al igual que el metro que acaba de llegar, te será imposible subir, sin embargo te estas dejando llevar por la marea de manos, de cuerpos que a su vez son impulsados por pies desesperados, ellos te arrastran, ya no quieres forcejear, pero es en vano no logras entrar.
Ahora estas en medio de desconocidos ya ni siquiera te puedes mover, la bolsa que traías ya no está en tu mano, de seguro te la robaron o tal vez se cayo en medio de los empujones, pero ya no importa, una gota de sudor recorre tu cara, tu sucia cara, estas sudando a mares, las axilas, el pecho, la espalda, los pies, hasta el culo, no intentas rascarte, sería absurdo, no puedes ni moverte.
Piensas en otro metro, como un gran gusano anaranjado, te lo imaginas devorando a toda esta gente, sonríes, esa sensación te causa bienestar, te empiezas a sentir un poco mejor, ya hasta has olvidado que no tienes trabajo y que en todos los lugares donde has ofrecido tus servicios has escuchado la misma canción, con el mismo tono y sin duda la misma negación, por un instante recuerdas tiempos mejores, épocas sin preocupación, tu infancia, alguna novia, algún festejo, todo se cae de pronto cuando sientes que alguien esta jalando de la bolsa de tu pantalón tu cartera, reaccionas pero es tarde, el tipo se abre paso ante la gente, intentaras seguirlo hasta las escaleras, donde sin duda ya te ha sacado gran ventaja, detienes tu atropellada carrera cuando recuerdas que no hay ni un quinto en esa cartera sólo alguna identificación ya expirada y que solo guarda valor sentimental, llega el tren.
Vas directo al anden y decidido más que conciente te lanzas sobre la gente para poder entrar al vagón, luchas por un rato pero fue inútil, casi nadie logro entrar, estas igual que al principio, excepto que ya no tienes cartera, te sientes estúpido, el calor, el calor es mucho, las personas también, estas empapado de sudor y la gente te desespera.
Sientes la proximidad de los cuerpos, alguna charla boba, hueles el desagradable aroma que sale de ti y del centenar de personas que están en el anden, es como una enfermedad, la raza humana es como un virus, que se extiende y acaba con todo, incluso consigo misma.
Estas desesperado y ahora el tren ya ha tardado. Piensas que es el zoológico más extraño en el que has estado, a parte de lo subterráneo, ves en cada persona un animal diferente, algún detalle basta para tener aspecto de simio, de elefante, camello o hasta perro, te mareas, el aire es escaso, la nausea, no piensas en guijarros ni en árboles, quieres salir de ahí, pero la misma gente no te deja, son animales, es el caballo, que no te da paso, el águila te estorba, a lo lejos se puede oír al metro aproximarse y no vas a ninguna parte, simplemente estas hasta la madre, habiendo tantas personas(la mayoría pendejas)no crees que las extrañarán, somos un virus, un patético virus, una infección, la muerte es baladí.
Aprietas los dientes con fuerza, y con un coraje desmedido empiezas a mover las piernas, abres los brazos, con esto acaparas a más animales, y comienzas a empujar, ellos están viendo al frente y al saber que se acerca el metro comienzan a avanzar lentamente, rebasando incluso la línea amarilla, esto lo facilita, sigues empujando con toda tu alma, con toda tu conciencia, algunos se han dado cuenta y tratarán de oponer resistencia, pero es muy tarde, cuerpos comienzan a caer en las vías, algún otro se alcanza a quitar, pero tu continuas, es sólo un instante. Cierras los ojos cuando estás sobre la línea de vida, éste es tu sacrificio, te lanzas sobre los cuerpos que han caído previamente, oyes al tren que ya esta sobre ti; agradeces a dios por convertirte en un salvador al mismo tiempo que lamentas que serás uno anónimo.


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